Publicado en Bebé, Experiencias, lactancia, Maternidad

El @#~! biberón

Si hay algo que me aportó calma después del parto fue cuando vi como mi pequeña Gatosa se agarraba a mi pecho automáticamente porque tenia hambre. En serio, sentí calma, sentí paz, sentí que todo iba bien y no solo iba bien, iba a ir bien.

Gatosa nació un martes, el jueves nos dieron el alta y el lunes teníamos cita con el pediatra. Había perdido peso. Cosa que es normal… Me empiezo a poner nerviosa cuando nos citan para volver a pesarla dos días después, el miércoles. ¿Tan pronto? Saltan algunas alarmas en mi cabeza. La pediatra pone en duda de si la niña se agarra bien al pecho, así que me dice que pida cita al día siguiente con la matrona de lactancia para que revise el agarre.

La imagen puede contener: una o varias personas, texto que dice "Agarre Correcto Labio evertido Nariz tocando el pecho Agarre de toda la areola Mentón pegado al pecho"

La revisión de la matrona fue de dulce. Labios evertidos, nariz y barbilla con pecho, se la ve chupar y tragar, su estómago con el mío. Toma entre cuarenta y sesenta minutos y hace entre 8 y 11 tomas al día. Me dice que siga así, que parece va bien.

Llega el miércoles, y mi Gatosa está estancada de peso. Me pregunta la doctora si tengo un sacaleches en casa, (¿por qué iba a tener un sacaleches antes de dar a luz?) que me saque 30 ml y se los dé con una jeringa entre tomas, el viernes de vuelta a pesarla de nuevo. El caso es que entre que pedí el sacaleches (pregunté en varias farmacias y no tenían) y llegó a casa, ya era la hora de volver al pediatra el viernes. El peso seguía igual, así que nos mandó a comprar la leche de fórmula para empezar a darle el biberón y volver el lunes a consulta. “15 minutos en cada pecho y para acabar le das el biberón”, dijo la pediatra.

Salí de la farmacia y conforme puse un pie fuera, empezaron a caerme las lágrimas. Me caen aún ahora, 5 días después, perdonarme la expresión, pero el puto biberón entró en nuestra vida. Yo era feliz amamantando a mi bebé, aunque fuera cada poco rato, y ahora tenía que darle un jodido biberón de refuerzo sin tener ni siquiera 10 días. Sin haberme dado tiempo siquiera a sacarme algo de leche.

Es cierto que cuando acudimos el lunes a consulta, Gatosa había empezado a recuperar peso. Pero la semana que estoy yo pasando desde el primer biberón… Cada vez que veo a mi marido acercarse con el biberón preparado empiezo a llorar otra vez, no consigo quitarme de encima la sensación de que le he fallado a mi pequeña. Encima el cachondeo de la pediatra cuando fuimos el lunes “y parecía que no quería engordar“, me dijo. Le respondí con una sonrisa, pero no sé si en ese momento tenía yo más ganas de llorar o de soltarle un puñetazo.

No soporto el biberón, no puedo ni verlo. Me causa un dolor que no puedo explicar, me frustra, me hace sentir que he fallado como madre cuando casi no me ha dado tiempo a empezar. Y que haya que empezar a darle más cantidad no me ayuda, el que al poco de estar en el pecho se frustre ella porque no sale tanta cantidad y empiece a llorar tampoco me ayuda. Estoy permanentemente triste, porque me doy cuenta de que mi pecho no es suficiente para mi hija, y me siento estúpida porque odio un jodido biberón.

Cada vez que oigo a mi marido orgulloso porque la pequeña se lo ha terminado entero, yo siento como una parte de mi mundo se desgaja y me cae encima. Yo no quería esto, yo no quería que la tetina de plástico entrara en nuestras vidas hasta que no tuviésemos que conciliar. Quería pasarme las tardes en la cama o en el sofá con mi pequeña, en nuestro momento, de las dos, sin importar el tiempo. Y cada día, noto que le cuesta más y se enfada más, y eso me está destrozando por dentro cada día.

Y es que, no puedo evitar pensar, que es culpa mía. He llegado a cuestionarme si estaba produciendo leche hasta que hice la prueba con el sacaleches y ví que había algo en el fondo del chisme, he valorado si lo mismo mi madre tiene razón y mi leche no es buena, hasta ha pasado por mi mente si Gatosa no me sustituirá por una tetina de plástico en su ranking de importancias de un bebé.

Sí, cada vez que veo el biberón, lloro y mi mente me flagela porque no soy suficiente y estoy bastante segura de que es culpa mía, y lo peor, cuando se me ocurre imaginar con tirar el biberón a la papelera, o mejor, quemarlo; empiezo a elucubrar con que mi niña se vuelva a quedar estancada de peso, que empiece a perder, y me siento culpable por querer destruir la tetina de plástico en mi beneficio.

Y ¿por qué os lo cuento? Pues puede que porque necesito ayuda para dejar de llorar cada vez que veo al maldito bicho de plástico. O Tal vez es porque necesito ayuda para ver cómo hacer que mi niña se enganche con más ganas (si eso es posible). O porque llevo una semana haciéndome la fuerte ante las llamadas de tías y abuelas para no derrumbarme entre lágrimas cada vez que me preguntan ¿cómo va? O porque necesitaba desahogarme y no sentirme sola con este tema. O todo a la vez.

Ahora me voy a abrazar a Gatosa un rato, sí, sé que es malo que se acostumbren a los brazos, pero como alguien venga a decirme le cortó los….

ACTUALIZADO

Autor:

Mamá novata, informática + periodista, bloguera de vuelta a la red, amante de la caligrafía y las manualidades, friki en líneas generales. Murciana en tierras de Valencia. También me puedes conocer por @ireneladler

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