Algo que me agobiaba en mi fuero interno desde que tuve la gran odisea de los papeles tras el nacimiento de Gatosa , era mi reincorporación al trabajo. Saber que debĆa dejarla sola siendo tan pequeƱa, me torturaba en cualquier momento en que bajara la guardia (las maravillas del cerebro y del instinto). En muchos momentos, fantaseĆ© con quedarme en casa con ella y, exclusivamente, para ella.
Pero, la realidad se impuso. Mi baja por maternidad ya se ha terminado (una baja pasada casi por completo dentro del Estado de Alarma). Adiós a las 16 semanas que te da el Estado. El pasado 1 de Junio, me reincorporé a mi puesto de trabajo.
Lo primero es decir que tengo motivos (3 para ser exactos) para creer que tengo suerte y dar las gracias.
- Mi jefe y mi empresa me han permitido reincorporarme mediante teletrabajo debido al bichejo inmundo.
- Mi pareja tiene los resultados de su oposición congelados por el bichejo inmundo, asà que estÔ actualmente en casa.
- La situación resultante del bichejo inmundo, aka COVID-19.
No voy a entrar demasiado en detalles, pero aunque soy informĆ”tica, mi puesto lleva un componente importante de atención al pĆŗblico. AsĆ que, desgraciadamente, no puedo ponerme a eso de las 12 de la noche a trabajar con nocturnidad y alevosĆa (que cuando he estado en otros puestos no sólo lo he hecho, sino que ademĆ”s lo he disfrutado), tengo que estar dentro de unas horas y, sinceramente, me aterraba volver a mi centro de trabajo con el bichejo aĆŗn dando vueltas.
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