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La “primera” regla

Bueno, primera, primera no. Mi primera regla me vino el Mayo de mis 10 años y tuve suerte de que me pilló en casa. Es una historia que os contaré en otro momento, probablemente cuando Gatosa llegue a su primera.

Pero hay una segunda primera regla, se trata de la primera regla tras el embarazo. El lado positivo es que indica que tu aparato reproductor ha vuelto a la normalidad, aunque los ovarios aún no funcionan perfectamente. Por eso, puede haber retrasos entre la primera y la segunda regla después del parto.

Por lo que me habían comentado creía que al estar dando el pecho tardaría más en tener la regla. Sin embargo, hace unas semanas, en el mes 5 de la era post Gatosa, volvió a llegar la señora de rojo.

¿Por qué pensaba que no iba a tener la regla?

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La reincorporación laboral en el COVID-19

Algo que me agobiaba en mi fuero interno desde que tuve la gran odisea de los papeles tras el nacimiento de Gatosa , era mi reincorporación al trabajo. Saber que debía dejarla sola siendo tan pequeña, me torturaba en cualquier momento en que bajara la guardia (las maravillas del cerebro y del instinto). En muchos momentos, fantaseé con quedarme en casa con ella y, exclusivamente, para ella.

Pero, la realidad se impuso. Mi baja por maternidad ya se ha terminado (una baja pasada casi por completo dentro del Estado de Alarma). Adiós a las 16 semanas que te da el Estado. El pasado 1 de Junio, me reincorporé a mi puesto de trabajo.

Lo primero es decir que tengo motivos (3 para ser exactos) para creer que tengo suerte y dar las gracias.

  1. Mi jefe y mi empresa me han permitido reincorporarme mediante teletrabajo debido al bichejo inmundo.
  2. Mi pareja tiene los resultados de su oposición congelados por el bichejo inmundo, así que está actualmente en casa.
  3. La situación resultante del bichejo inmundo, aka COVID-19.

No voy a entrar demasiado en detalles, pero aunque soy informática, mi puesto lleva un componente importante de atención al público. Así que, desgraciadamente, no puedo ponerme a eso de las 12 de la noche a trabajar con nocturnidad y alevosía (que cuando he estado en otros puestos no sólo lo he hecho, sino que además lo he disfrutado), tengo que estar dentro de unas horas y, sinceramente, me aterraba volver a mi centro de trabajo con el bichejo aún dando vueltas.

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Mamá, estás estupenda

Me gustaría recordarte mamá lectora, que estás estupenda.

Has pasado casi un año gestando vida en tu interior. 9 meses haciéndole una habitación perfecta dentro de ti, donde pudiese crecer y estar protegido. 40 semanas en los que, si bien no has comido por dos como decían las abuelas, si has necesitado nutrirte más para que ninguno de los dos tuvieseis carencias.

Lo digo con conocimiento de causa, os recuerdo que iba controlada por un endocrino y, en la recta final del embarazo seguía una dieta de 2.000 calorías.

No tengas prisa por empezar con una dieta, si tu bebé toma el pecho aún deberás seguir comiendo algo más para alimentaros a los dos, no hay prisa. Además, a tu bebé le encanta sestear bien pegadito a tu pecho y a tu tripita, notando bien el calor y el olor de su mamá.

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¿Azules o marrones?

El instituto no es una de las épocas que recuerde con más cariño de mi vida, pero adoraba las clases de Biología, yo quería ser médico en aquel momento (luego opté por metas más asequibles) así que hice el Bachiller de Ciencias Puras. Mi profe de Biología, Doña Ana, era espectacular, nos llamaba “perlica” cuando veníamos con excusa y finalizaba cada explicación en la que encadenaba argumentos lógicos con un “¿sí o sí?”. De hecho, mediante lógica y aplicación de conocimientos recuerdo una clase en la que sacamos como parte de la lección el verdadero motivo de por qué se corta la mayonesa.

Azucena Santillán on Twitter: "Clase de genética en una servilleta… "

Recuerdo especialmente cuando vimos los principios de genética y comenzamos con la herencia del color de los ojos.

María ¿de qué color son los ojos de tu padre?
Marrones.
¿Y tu madre?
Marrones también,
Tu hermano sabemos que marrones también (nos llevamos un año y estudiamos en el mismo centro). Y tú lo tienes azules, así que la herencia del color ha sido así…

En ese momento saltó un compañero alegando que yo no tenía/tengo los ojos azules, mientras que la clase cuchicheaba que sí lo eran. Al final, Doña Ana zanjó el debate con un “A saber dónde miras cuando hablas con ella” y las risas generalizadas de la clase.

Cuando Gatosa nació, comenzó en la familia la discusión por el color de ojos de la pequeña.

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#YoMeQuedoEnCasa Día 66

Pues, por fin, hemos pasado de la fase 0 a la fase 1. No sabéis las ganas que tenía de poder salir, por fin, al paseo los tres juntos. Y, por fin, hemos empezado otra vez a acostumbrar a Gatosa al carricoche (se ve que al escucharnos y vernos a los dos, se altera menos), además echábamos de menos pasear en familia.

Os dejo un esquema de las cosas que se pueden hacer en la fase 1.

La verdad es que me da un poco de cosa cuando salimos de paseo porque nos encontramos a mucha gente sin mascarilla o que van andando por una acera estrecha y piensan que lo mejor es que se baje de la acera una mujer con su carricoche. Pero, la pequeñaja necesita su dosis de sol diaria.

Con el calor que hace, le hemos comprado ya las primeras prendas de verano, porque le pusiéramos lo que le pusiéramos acababa sudando y todavía no hace suficiente calor para llevarla sólo en pañal. Ya estaba empezando a pensar en hacerle una túnica la romana con alguna de sus gasas.

Esta semana además hemos empezado a jugar con más cosas para estimular a Gatosa, como con el gimnasio para bebés que nos han regalado y con el que disfruta mucho, tanto cuando la tumbamos hacia arriba intentando agarrar los juguetes, como boca abajo con su cojincito.

Además, en la última cajita que nos ha llegado de Bebénube, nos ha llegado un sonajero mancuerna que no suelta ni cuando la llevamos a cambiarle el pañal.

Esperemos que la situación mejore, ¿Cómo lo lleváis vosotros?

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Sí, yo he colechado

Poco antes de dar a luz, en una conversación informal con mi madre, me comentó que no se me ocurriese meter a dormir conmigo a Gatosa o no querría dormir en su cuna NUNCA.

Recuerdo la primera noche de Gatosa en el hospital, cada vez que intentábamos meterla en aquella cuna de plástico el resultado era el mismo. ¡Buah! Al final, pasamos la noche en vela, mirando al vacío y teniéndola en brazos.

A la mañana siguiente llegó la matrona de planta y me comentó que por qué no dormía con ella en brazos, ya que tenía las barreras para no volcar. Mi madre nos miró un poco raro, pero ya que los que nos quedábamos a dormir éramos el sr. Esposo y yo (y nos dormíamos por las esquinas), decidimos que no se perdía nada por probar. Y eso, fue lo que hicimos a la noche siguiente, colechar.

Pero, ¿qué es colechar?

El colecho es la práctica de dormir juntos, es decir, dormir en el mismo lecho, en la misma cama, tanto padres como hijos e hijas. El colecho es una práctica ancestral que lleva presente en la mayor parte de las culturas del mundo desde hace siglos, donde toda la familia dormía en la misma habitación, ya fuera por falta de espacio o por un patrón cultural establecido.

Malasmadres
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