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Con G de Gatosa

A las 5:45 sonó el despertador. El Sr. Esposo se levantó a tomarse un café y despertarse lo suficiente para ayudarme en los preparativos, mientras me concedía a mí ese ratito extra de sueño antes de la cesárea programada.

Teníamos que entrar a las 8 en el Hospital. Mientras me terminaba de espabilar, sin la ayuda de mi ColaCao matutino, cuando te programan la cesárea se requiere que vayas en ayunas, repasábamos si había alguna cosa que no hubiésemos guardado ya y que tuviésemos que llevarnos. Estábamos ilusionados y nerviosos a más no poder, y parecía que lo llevábamos todo.

Mal empieza la mañana

En el hospital, en una visita anterior, me habían dado un enema para esa mañana. Debía ponérmelo yo en casa, así que ahí estábamos los dos, intentando descifrar las instrucciones ¿me puede explicar alguien como flexiono mis rodillas hasta el pecho si tengo un bombo de 39 semanas en medio? Al final, optamos por la tercera opción, ponerme a gatas.

Rato más malo, ni a mi peor enemigo. No sólo estaba incómoda, me sentía humillada. No podía mirar al pobre sr. Esposo a la cara, y ya bastante mal se sentía él viéndome llorar sin parar. Literalmente, sin parar. Después de que hiciera efecto, me metí en la ducha y seguía llorando con unas lágrimas enormes. No conseguí dejar de llorar hasta que me monté en el coche para salir rumbo al hospital. En serio, ni a mi peor enemigo. No soy capaz de describir la sensación de indefesión y la gran molestia que sentía yo cada vez que intentábamos una postura de las que recomendaba el manual del enema.

Un poco más tarde de las 7:00, salimos al hospital, cruzando los dedos para no pillar atascado en la entrada a Valencia. A las 8:00 estábamos en la puerta de admisiones para hospitalización, subimos a planta. Quédate sólo con el pijama del hospital, vamos a ponerte ya la vía, tienes las venas difíciles, tomamos la tensión y llegan las pulseras. Por un segundo pensé que acababa de terminar la temporada de festivales. En la derecha llevaba la que me identificaba como paciente del hospital y otra con un código de barras para relacionarnos a la pequeña y a mí cuando naciera. En la izquierda, la roja con la información en caso de que necesitará una transfusión.

Patucos, gorro. Ni joyas, ni reloj. Mi madre se ofrece a guardarme la alianza, insisto en que la guarde mi marido. Manías de una. Nos vamos para abajo, los familiares por aquel ascensor, a la sala de espera hasta que los llamen. Última mirada lastimera al Sr.Esposo, no me hace especial ilusión bajar sola a quirófano.

Luces, cámara… Quirófano

Me meten en quirófano y se me presenta un montón de gente que van a participar en mi intervención, a todos les tengo que volver a repetir la misma historia.

Sí, es mi primer embarazo. No, no tengo alergias conocidas. No, ha sido un embarazo natural. Sí, es una cesárea porque está podálica. No, es que soy de Murcia. Es niña.

Llega el momento, pasamos donde los focos. Me pasan a otra camilla, “ahora siéntate y échate lo más que puedas hacia delante, pero estate relajada“, 5 intentos de pinchazo de la epidural, y al parecer la anestesia no conseguía salir de la aguja. Entra otra voz, femenina, que le dice al anestesista que me cambie de postura. Me hacen girarme y sentarme en otra posición, el enfermero que estaba frente a mí me susurra que esté tranquila. Recurro a contar desde el 0. Cero… Uno… Dos pinchazos más… En el 57 y con el tercer pinchazo, entra por fin la anestesia. “Avísame si te mareas” me dice el anestesista.

Me ponen la pantalla, a partir de ahora el Muro, y empieza la operación. “Cuánto me gustaría tener aquí a mi marido“, pienso mientras noto un poco de nauseas. Se me presentan las dos matronas de quirófano. De Albacete ambas, les sonrió, “casi es como si fueramos primas“. Una me dice, “mis padres son de Cartagena”, y empezamos conversación porque los míos también lo son. Que si el verano, que si las playas de Murcia, que si las tapas…

-¿Puedes llamar al anestesista? Tengo ganas de vomitar.

-¿Te mareas? – Insiste el anestesista.

-No, pero tengo ganas de vomitar – Se lo he dicho finamente, realmente creo que voy a echar hasta la primera papilla, y de golpe, empiezo a notar como se me va la cabeza.

El tensiómetro empieza a pitar y oigo al cirujano al otro lado del Muro indicarle que la tensión está cayendo muy rápido y que fuera pinchando algo. Mano de santo ese algo, oye. Dos más, por favor. Las matronas me preguntan qué tal me encuentro. Tengo la boca como la suela de un zapato respondo, y casi de extranjis, me pasan una gasa húmeda por la boca para calmarme. Muy de agradecer.

TIC…TAC… Va pasando la hora, el cirujano le dice a alguien “empuja desde arriba que está atascada“, busco con los ojos a mi matrona albaceteña, que lee la desesperación del ¿qué están diciendo?. Se levanta, otea por encima del Muro y me susurra que todo va bien, Te voy a dejar unos minutos, que está a punto de salir.

El enfermero majo del principio me pregunta si quiero verla. Asiento porque no me sale la voz… Un momento, ¿no se suponía que salían llorando?. El muro empìeza a caer y AHÍ ESTÁ…

2×1 en quirófano

La matrona 2 me dice que la van a pesar y a medir y me indica que si giro la cabeza hacia el otro lado lo puedo ver. El Muro ha vuelto a reconstruirse por arte de magia, oigo voces al otro lado, demasiado agitadas para un trabajo que ya se ha terminado… Pero, mi atención está en otra parte, concretamente en un llanto que acaba de empezar.

¿Tú sabes que tenías miomas? – dice la voz del cirujano

-Sí. Cuatro o cinco, de pocos milímetros.

-¿Quieres tener más hijos?

-Mi marido y yo habíamos hablado de al menos uno más.

-Tengo que confirmarlo, pero creo que lo mejor sería que te los extirpara ahora.

Me quedé ojiplática unos segundos. – Lo que usted crea mejor, doctor.

Empieza el follón. Me sentía en medio de una muy organizada colmena a la que alguien hubiese agitado como un bote de ketchup. Todo organizado hasta dentro del caos. Mandan buscar al jefe de cirugía. Oigo como llaman a otros quirófanos por teléfono preguntando por medicación. Necesitan no sé qué autorización. Llega el jefe de cirugía, firma una autorización urgente. Un enfermera sale a pijo saca’o por la medicación por no esperar a los celadores. La anestesista que me hizo cambiar de postura cuestiona al cirujano, les preocupa que se pase el efecto de la epidural antes de terminar la operación. La matrona albaceteña pregunta tímidamente si puede acercarme a la niña. El cirujano responde tajante ¿y dónde va a estar mejor que con su madre?

Así pasé la siguiente hora y media, topando mi cabeza con la de mi hija y contándole cosas que ya no me acuerdo mientras la sujetaba una matrona. Con la olor a carne quemada en la nariz, mientras me extirpaban hasta 4 miomas, que habían pasado de milímetros a superar los 6 cm de media.

Tras cerrarme, los celadores comentan que no puedo llevar a la niña enganchada al pecho mientras voy al box, por protocolo. Mis matronas saltan como leonas argumentando que bastante hemos esperado las dos sin quejarnos. Matronas 1- Protocolo 0.

Llego a reanimación con Gatosa enganchada al pecho. Me relaja enormemente verla mamar… A los pocos minutos entra el señor Esposo, no sé quién tiene más ganas de llorar de los dos. Lo dejaremos en empate técnico en esta ocasión. Me explica que he estado 3 horas en quirófano. ¿Tanto?,me pregunto yo, no quiero pensar en el surco que ha dejado en la sala de espera; horas más tarde él y mi padre me contarán que cuando llamaron preguntando por mis familiares, saltó una fila de bancos de espera. Después de un ratito subimos a planta…

Ya está hecho, Gatosa ya está aquí.

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¿Aburrida de los guisantes? Hazlos en croquetas

En mi casa la preparación de los guisantes es muy tradicional. O salteados en la sartén o en sus diferentes variaciones con huevo (al plato o en tortilla), así que aunque me gustan de sabor y son una legumbre muy socorrida de tener en el congelador, los gasto poco.

Este año, de hecho, probamos a hacerlos en puré/crema por aumentar las variaciones de la dieta por la diabetes y, en mi caso no triunfaron. Aunque, el sr. Esposo asegura que con un poquito de jamón serrano tostadito por encima está muy bien.

El otro día, por seguir probando y porque tras ocho meses de dieta sin cambios en el menú llega un punto en que miras el plato de la comida y el plato de la comida te mira a ti, descubrimos otra receta que esta vez . Un epic win. Será porque todo cuando toma forma de croqueta se ve mejor, así que os la comparto para vosotros o vuestros pequeñajos (la ración es para 4 personas). Yo estoy deseando que volvamos a hacerlas.

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Al final, se puede

Después de una llorera importante que ya os conté, y una segunda llorera de la que no os dije nada cuando desbaraté todo lo que llevaba de la mantita, hemos llegado al día D como se suele decir.

Y, sí se puede, no sólo me ha dado tiempo a terminar la mantita, sino que además he podido prepararle unos calcetinitos para ponerle en el Hospital. Me siento muy orgullosa, porque a pesar de mi tristeza suprema SÍ HE PODIDO.

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Con sólo un pinchacito. Las vacunas durante el embarazo

Yo soy muy pro-vacunas, siempre me las han puesto y la mayor reacción que he tenido ha sido tener un poco de dolor en el brazo.

De hecho, anécdota. Hará unos 5 años mi madre, con sus años (no diré cuántos que es muy coqueta y me mata) pilló la rubéola. Sí, la rubéola, esa enfermedad infantil similar a la varicela. Mi padre, al pillarla mi madre, ya no estaba seguro de si él estaba vacunado; así que lo dejamos “internado” en la zona 0, por si acaso tenerlos a los dos juntos. Los únicos vacunados eramos los dos hermanos, que nos turnábamos para cuidarlos, comprar medicinas y demás. Menudo show hubiese sido si la pillamos los cuatro.

Después de aquello he hecho todo lo posible, y he insistido mucho a mi médico de cabecera, para, incluso a día hoy, seguir teniéndolas actualizadas. Y con mi embarazo no iba a ser menos.

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Harry Potter Book Night 2020

Mi friki pottérica está desatada (sí, soy muy friki de Harry Potter, de hecho mi despedida de soltera hace un par de años fue sobre esa temática) y furiosa. Furiosa, porque me he enterado esta mañana desde las sábanas de mi cama, y desatada porque tenemos una nueva celebración en el calendario: la Harry Potter Book Night.

¿Y eso qué es? Pues queridos magos y muggles míos, resulta que el primer jueves de febrero desde 2015, se celebra esta noche tan especial en todo el mundo y en ella, se rinde homenaje al universo de J.K. Rowling.  Estamos ya en su sexta edición y la temática de este año es El Torneo de los Tres Magos, por cierto ¿sabéis cuando es el primer jueves de Febrero? ¡HOY!

Normalmente, la editorial Salamandra se ocupaba del material para España y Latinoamérica, pero este año no he encontrado el material en su página web, así que os dejo el enlace para su descarga desde Bloomsbury (su editorial inglesa).

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¡Atención! ¡Qué viene podálica!

Hace meses, el sr. Esposo y yo tuvimos la típica conversación de ¿a quién crees que se parecerá? Él, muy meloso, me dijo “Yo quiero que se parezca a su mamá“; yo, más práctica y bastante menos romántica en ese momento, respondí tajante “Mientras que no saque tus pies. A mí, me vale.” mientras que observaba los pinreles del 46 con los que empieza la planta del padre de la criatura.

Pues parece que el karma, por aquel momento mío de lucidez vs. romanticismo, ha decidido que ya que me preocupaban los pies, pues pies iba a tener y ración doble. Y así llegaron a mi vida, las posiciones de parto.

Bueno, llegar, llegar, para mí llegaron nada más que dos las que me comentaban mi matrona y mi obstetra:

  • La buena, la ideal, la que te permite dar a luz de forma natural y la que adoptan la mayoría de bebés antes de salir de cuentas.
  • La otra, (que yo creo que fue el pago del Universo por el comentario hacia los pies del sr. Esposo), la que no es recomendable, la que sí puedes dar a luz así pero hay muy pocos médicos que lo vayan a hacer y en la que parece que mi querida hija ha encontrado el nirvana porque no se da la vuelta ni haciendo yo el pino.

Pero resulta que hay más y no es tan sencillo, de todos modos voy a explicarlo lo mejor que pueda aunque me centre algo más en la que es “mi otra” y fuente de mis desvelos en las últimas semanas.

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