Esta mañana, haciendo mi vuelta habitual a las noticias, me ha salido un artículo que se llamaba 10 regalos de Navidad para mamá y en las primeras líneas me encontraba con las siguientes frases:
«¿Y para Reyes, qué necesitas?», respondes que nada, que no hace falta, que mejor los regalos para los niños. Sin embargo, seguro que hay un montón de detalles que te haría ilusión recibir y que, aunque no los necesites, te apetece tenerlos. Aquel abrigo que te probaste, unos pendientes de la tienda de la esquina, un pack de maquillaje…
Estamos en pleno siglo 21, no puede ser cierto lo que estoy leyendo. Decido darle espacio para la duda, que lo mismo he prejuzgado el artículo demasiado rápido, comprobemos esos 10 regalos. Cremas, gel de baño, perfume, fotodepilación, peine secador, más cremas, más gel de baño, una pulsera, un bolso y una camiseta técnica «para mamás deportistas». No, definitivamente no me representa. Pero es que si vamos a las primeras búsquedas de Regalos para mujeres de Amazon, viene siendo lo mismo, no os creáis.
Ya sé que seguramente yo no sea una mamá al uso, pero sinceramente, creo que ninguna lo somos. No hay un cromosoma latente que cuando te quedas embarazada se activa y dice «a partir de ahora solo te gustará esto y esto«. Además, ¿a quién se dirigen este tipo de artículos? A las mamás no, desde luego, conozco mamás que son hachas del karaoke, fans de los juegos de mesa, artistas de los colores, joyeras amateurs, amantes de las actividades al aire libre, incluso conozco a una que te deja con la boca abierta cuando la ves en el rocódromo. ¿A quién se dirige entonces? A los papás y a los hijos mayores, esos que ya han descubierto lo que hay detrás de la Navidad y les toca colaborar.
Os voy a dar algunos consejos, cuando llegó la primera Navidad que tuve que regalarle a mi madre me tiré detrás de ellas dos semanas, TODOS LOS DÍAS, pidiéndole que escribiese su carta a los Reyes Magos (nosotros somos de Reyes) y cada vez que ella respondía:
– Si no necesito nada, con cualquier cosa me vale.
Yo atacaba con un «si no hay carta a los Reyes, no hay regalos. Además, mamá, con lo que me gustaba que nos sentáramos todos juntos a escribir nuestras cartas». Al final, lo conseguí, algo me dice que más por pesada que por espíritu navideño. Ese año, mi madre no recibió ninguna fruslería, sino una caja de óleos para pintar.
Y así ha sido siendo desde entonces. No os voy a revelar cuál es el regalo de este año, porque no estoy segura de que mi madre no lea este blog. Solo os diré que no es ninguna de las cosas de las lista. Yo aún no he escrito la carta, tenemos sobrinos y queremos sentarnos con ellos a escribir, pero sí le he ido dejando a caer al señor esposo algunos «oye, mira esto, me molaría mucho para Reyes».


